El Concierto Económico y la Armonización Fiscal Europea

Mar, 26/02/2008 - 23:00
Ateneo Naider

En Septiembre del 2006 el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) decidió elevar ante el Tribunal de Justicia Europeo una モcuestión prejudicialヤ (consulta vinculante) para resolver el goteo de interpretaciones diferentes que se ha venido sucediendo durante los últimos años con respecto a la capacidad normativa de las Haciendas Forales

Existe una sentencia del propio Tribunal de Justicia Europeo de mediados del 2006, la del llamado モcaso Azoresヤ que admite la posibilidad de que dentro de un estado convivan diferentes regímenes fiscales. Tres condiciones se consideran necesarias para ello: que la institución regional tenga capacidad política para dictar normas fiscales diferenciadas, que en la elaboración de las mismas no intervenga el gobierno central y que no haya compensación económica del Estado por la rebaja de impuestos. Las tres parecen cumplirse en el caso vasco.
Por ello, en mi opinión la cuestión de fondo de esta consulta va más allá de la mera capacidad normativa de las Haciendas Forales. El tema que realmente está sobre la mesa es si la competencia fiscal entre regiones es buena o mala. La postura de la Comisión Europea a este respecto es clara: la competencia fiscal entre regiones es nociva ya que en la carrera de los estados-regiones por captar capitales (y también personas) se reducirían los tipos impositivos (y por lo tanto los gastos públicos asociados a las recaudaciones correspondientes) hasta un nivel por debajo del socialmente óptimo. Su objetivo fundamental es por lo tanto tender hacia una armonización fiscal entre todos los estados miembros. Esto explicaría en gran medida la oposición que la Comisión Europea ha mostrado al Concierto Económico.
Pero ¿qué nos dicen la teoría económica al respecto?
Pues como ocurre generalmente en economía depende. Desde un punto de vista teórico los que apuestan por un sistema fiscal armonizado en general parten de un modelo en el que el un estado benefactor trata de conseguir el máximo bienestar social general. En este contexto, la postura de la Comisión Europea sería la correcta ya que la competencia fiscal generaría un tipo impositivo y un gasto público ineficientemente bajos, además de que produciría distorsiones en la localización final del capital.
Sin embargo, si los gobiernos no son tan benevolentes sino que tratan de hacer máximo su propio bienestar, el resultado es distinto. En este caso, el tamaño del gobierno sin competencia tendería a ser excesivo y la competencia fiscal entre regiones sería una forma de モcontrolarヤ esa tendencia de los gobiernos a crecer por encima de lo socialmente óptimo. En este tipo de modelos (モmodelos de Leviatánヤ) la competencia entre diferentes administraciones locales funcionaría como la competencia entre empresas en un mercado perfectamente competitivo y tendería a aumentar el bienestar social.
Por lo tanto, desde el punto de vista teórico no existe un fundamento contundente para rechazar la competencia fiscal, puede tener efectos sociales positivos o negativos dependiendo del tipo de gobierno.

 

Y ¿qué nos dice entonces la evidencia empírica?

Los estudios empíricos al respecto, aunque son escasos, apuntan hacia los efectos beneficiosos de la competencia fiscal. Uno de los casos más estudiados es el de Suiza. En Suiza existen 26 cantones que tienen soberanía fiscal y compiten entre sí por los contribuyentes (empresas e individuos). Además existe un número considerable de cantones en los que los impuestos se deciden anualmente por participación directa. Es por lo tanto un perfecto laboratorio para analizar las bondades o maldades de la competencia fiscal. En un reciente trabajo* los economistas Brülhart (de la Universidad de Lausanne, Suiza) y Jametti (de York University, Canadá) han encontrado evidencia de que los gobiernos cantonales, cuando pueden, se comportan como en los modelos de Leviatán. Así, la competencia fiscal entre cantones actúa como un mecanismo de control que disminuye unos tipos impositivos que de otro modo serían demasiado altos, y tiene por lo tanto un efecto beneficioso en el bienestar social. Los autores resaltan que la competencia funciona aquí como un モsecond-bestヤ: las distorsiones provocadas por la competencia fiscal contrarrestan las distorsiones  que se derivan de estados sobredimensionados de tal forma que se alcanza una situación de equilibrio más cercana al óptimo social.

Con la teoría económica y la evidencia empírica en la mano, resulta curiosa y sorprendente la vehemente postura tomada por la Comisión Europea, gran defensora del mercado y de la competencia en lo que se refiere al sector privado. Y más curiosa aún resulta su postura ante el Concierto Económico. Concierto en el que están de acuerdo tanto el gobierno central como el gobierno vasco y que ahora puede verse en peligro simplemente porque podría considerarse un mal precedente para la futura política de armonización fiscal europea.

 

(*) モDoes Tax Competition Tame the Leviathan?ヤ, CEPR Discussion Paper No. 6512.

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Comentarios

Igual no me he explicado muy bien: si los estados no son ese
planificador benevolente y tienden a crecer mas de la cuenta, la
competencia es mejor que la armonizacion. Sin la competencia todavia
serian mayores. Restringir la competencia es lo que no tiene sentido. Mi
punto es que si la Comision esta tan en contra del Concierto Vasco, no
es tanto porque reconozca o no el derecho de las Haciendas Forales a
decidir (si ha reconocido que las Azores lo tienen yo no veo muchos puntos en contra del Pais Vasco) sino porque quiere evitar la competencia fiscal en general en Europa (donde hay perfecta movilidad de capitales y personas).

Maite

Es una reflexión sobre teoría economica interesante, que me ha despertado dudas sobre su traducción a la realidad del País Vasco.

Aqui en Euskadi a pesar de existir una cierta competencia fiscal con el resto del Estado debido al Concierto Económico en las últimas tres décadas, el autocontrol sobre el desarrollo del 'estado leviatan' - en cuando a despliegue y crecimiento de las administraciones publicas -, no se ha producido.

Con cuatro niveles de administración pública diferentes, cuatro tipos de policia, parlamento vasco, tres parlamentos provinciales y tres diputaciones fortales, tribunales,
281 ayuntamientos, calculo que más de 100 empresas y entidades publicas etc. el estado leviatan no es precisamente un liliputiense.

La metástasis de la cosa pública, valga la expresión, ha sido semejante al resto del Estado, no menor. Por lo tanto, en nuestra experiencia empírica cercana no tengo claro que la teoría haya quedado validada.

En consecuencia, tengo dudas de si me plantearia 'defender' el Concierto economico vasco sobre las bases de esa teoría.

No sé como lo ves. El debate continua....

Así como no me caben dudas de que la homogeneidad de la política monetaria en Europa ha sido muy positivo para controlar la inflación, no estoy nada convencido que la homogeneidad fiscal sea algo hacia lo que debamos caminar, por mucho que la Comisión se sienta más cómoda con un Mercado Único sin diferencias de ningún tipo. Yo me sumo a los planteamientos que apuntan a que la competencia fiscal pueda actuar a favor de la eficiencia y para ello basta ver que la tendencia de las autoridades fiscales vascas y navarras a bajar los impuestos frente a las de Territorio Común.

Mikel, yo no creo que la armonización fiscal sea la base de una Europa unida políticamente. Creo que se podría avanzar muchísimo en esa dirección, manteniendo sistemas fiscales diferenciados por países y regiones (buena parte de los numerosos artículos del fallido Tratado Constitucional Europeo no tenían nada que ver con la fiscalidad). De hecho, creo que la Comisión cae en una seria contradicción, cuando argumenta a favor de la descentralización y la competencia y luego trata de establecer restricciones de todo tipo para evitar que sus regiones y países puedan competir libremente para ofrecer más y mejores servicios a sus ciudadanos, corriendo con el coste social y político que implica la presión fiscal a los ciudadanos.

En el debate se mezclan muchos temas diversos que conviene contribuyen a enmarañar el fondo de la cuestión. Los paraísos fiscales o la complejidad del entramado institucional vasco (que comentaba Antxon en su post) son elementos que pueden tener algún grado de relación con el que nos ocupa, pero que coincidiréis conmigo que son esencialmente diferentes a la competencia/armonización fiscal.

Por otro lado, reducir el tamaño del sector público no es algo bueno o malo. En el mejor de los casos, una cuestión con un fuerte sustrato ideológico difícil de argumentar. Personalmente, me alineo con los que piensan en el Estado como garante de la igualdad de oportunidades para todas las personas, como impulsor de una sociedad más igualitaria y, por supuesto, como garante del correcto funcionamiento de los mercados para que asignen eficientemente los recursos. Y todo esto no siempre coincide con un sector público muy grande o sobredimensionado (creo que sobran los ejemplos). La competencia fiscal no creo que tenga que desembocar necesariamente en una reducción sin ton ni son de la presión fiscal y del tamaño del sector público, si no más bien en unos niveles de imposición que optimicen la provisión de servicios públicos. (no creo que sería muy complicado articular un modelito que pruebe lo que digo).

Tampoco estoy de acuerdo que serían los países más pobres los perdedores de un sistema de competencia. Que los más pobres tengan los mismos niveles de servicio público o infraestructura que los ricos, es posible (en condiciones de normalidad y entre países independientes políticamente) cuándo éstos últimos están dispuestos a sacrificar parte de su bienestar (para cederlo en base a la buena voluntad o a ganancias comerciales o de otro tipo a más largo plazo, como pasa con los fondos europeos de cohesión) y no tiene nada que ver en la forma en la que se recaudan los impuestos.

Hola a todos. Me ha gustado el enfoque de tu artículo, Maite, por cuanto que sacas el debate sobre la virtualidad del Concierto Económico vasco de la cuestión política. Me ha parecido un enfoque orginal y relevante (como diría nuestro nuevo amigo Diego Soroa).
Yo no soy el más indicado para hablar sobre las bondades económicas o la eficiencia económica de un sistema fiscal europeo descentralizado o completamente homogéneo. Mi evidencia es también bastante empírica (y mucho más pobre). Dentro la UE hay 25 estados y mucha disparidad en sus regímenes fiscales. No creo que Europa funcione del todo mal si nos comparamos con otros entornos. Tu mencionabas el micro-caso de Suiza con sus múltiples sistemas cantonales. Tampoco parece que la competencia entre ellos les vaya del todo mal.
En cualquier caso, tanto en el marco de la UE como en tu ejemplo de Suiza hay unas reglas de juego. Ninguna de las partes es soberana 100% sino que hay un marco regulador común que les permite moverse en unos márgenes pero que impide salirse de ciertas bandas. Lo mismo les ocurre a las haciendas forales vasco-navarras que 'conciertaron', a su vez, con el Estado un marco fiscal del que no pueden salirse (ni ellas ni la hacienda del territorio común).
La práctica política a lo largo de estos ya casi 30 años de Concierto Económico vasco (algunos menos en el caso del Convenio navarro) nos indica una importante flexibilidad de las agencias tributarias correspondientes y una capacidad de adaptarse a las distintas coyunturas económicas (e incluso políticas) mayor que la que posee la Hacienda de Territorio Común. Por otro lado, se ha demostrado que poseer la capacidad normativa en materia fiscal ha permitido dar respuesta a necesidades presupuestarias de las distintas administraciones vascas para poner en marcha proyectos que, de otra forma, no hubiera sido posible financiar. Quiero con esto decir que la praxis de la soberanía fiscal vasca apunta en la dirección que comenta Iñaki de una mayor eficacia a la hora de acompañar la gestión política (y seguramente también una mayor eficiencia en términos de gestión operativa, lucha contra el fraude etc.).
Podríamos poner ejemplos como el de Irlanda u otros que, gracias a que se han salido excepcionalmente del marco fiscal común europeo, han accedido a mayores cotas de crecimiento económico. Pero mi manifiesta ignorancia me obliga a actuar por el camino de la prudencia no vaya a ser que me patine.
También es cierto, por otro lado, que lo que el Tribunal europeo está decidiendo ahora es si Euskadi tiene o no capacidad normativa y soberanía fiscal. Está decidiendo sobre la validez del propio Concierto. No si es más eficiente o no que la tenga.
Y su soberanía está puesta en cuestión permanentemente porque el entramado institucional que configura la Comunidad Autónoma del País Vasco presenta una importante debilidad (hasta el límite de que la cuestión ha llegado al máximo tribunal europeo de la mano, entre otros, de una simple sección territorial de un sindicato!!): son las Juntas Generales de los Territorios Históricos de la CAPV (Araba, Gipuzkoa y Bizkaia) las que ejercitan esa capacidad normativa. Las normas que de ellas emanan no tienen el mismo rango de Ley que las que emanan del Parlamento Vasco por lo que son fácilmente recurribles por el contencioso-administrativo.
Me alegro, al igual que lo hace Mikel, que se vea hoy cierta sintonía entre los partidos políticos y entre el Gobierno Vasco y el Gobierno Central en la defensa del marco competencial de Euskadi y de su soberanía fiscal. No me resisto a recordar que esto no ha sido siempre así y que detrás del Concierto Económico no han estado todos siempre. Algunos se han apuntado mucho más tarde. Se les echaba en falta. Esperemos que el Tribunal no se percate de que, aún no hace mucho, los mismos que hoy se deshacen en apoyos, antes ocupaban los banquillos de la acusación e interponían recursos como locos.
Un saludo a todos
Carlos
PD. Son solo unas palabras escritas una tarde del viernes; tampoco me hagáis mucho caso...

Gracias Maite por tu análisis sobre un debate de mucha actualidad y de gran interés para todos los que vivimos en el País Vasco. El asunto de la competencia fiscal entre países es, efectivamente, uno de las claves para entender la posición que la Comisión Europea ha tomado ante el juicio que ocupa al Tribunal de Luxemburgo sobre el caso del Concierto Económico del País Vasco.

En teoría, e históricamente, las corrientes más liberales se han mostrado favorables a mantener la competencia fiscal entre gobiernos, mientras que las corrientes más socialdemócratas han preferido la armonización fiscal para evitar una posible reducción de los impuestos y del sector público. En la práctica, lo que realmente ha sucedido es que los gobiernos europeos siempre han ganado la batalla a la presión uniformadora de la Comisión Europea, pero no por cuestiones ideológicas, los Estados europeos son muy diversos; sino porque el poder siempre se ha mostrado reacio a perder poder.

Creo que el ejemplo que has elegido para mostrar las bondades de la diversidad fiscal no es el mejor de los posibles. Suiza, y otros pequeños países, actúan de manera desleal y poco solidaria en el concierto económico internacional (aunque es cierto que algunos de ellos han comenzado a colaborar gracias a la presión europea). Ofrecen bajos impuestos (8,5% en el impuesto de sociedades frente a los 30-40% de media en la UE según la OCDE) no porque lo demanden los ciudadanos libremente, y prefieran menos bienes públicos, o porque la competencia les haga gestionar mejor sus recursos propios, sino porque su principal actividad económica es precisamente captar fondos extranjeros para el sector financiero. Suiza, Liechtenstein, Mónaco, Gibraltar, etc. son el mejor ejemplo de cómo la soberanía fiscal no controlada acaba convirtiéndose en モparaíso fiscalヤ para los más ricos de Europa. Además, ya existe competencia entre modelos de gobierno. Los ciudadanos disponemos en democracia de las mejores herramientas para elegir el tipo de gobierno queremos: el voto y la participación en política. El voto nos permite castigar a aquellos gobiernos que no se dedican a defender el interés general o son ineficientes y la participación en política nos permite dirigir el gobierno hacia el rumbo que consideramos adecuado.

En cualquier caso, creo que lo que está realmente en juego son dos cosas: la primera, el modelo de Europa que queremos, y la segunda, si realmente queremos una Europa que, además de velar por la unidad mercado, tenga una entidad política propia. Si no realizamos la armonización fiscal que pide la Comisión Europea existirá una tendencia a la rebaja fiscal (¡sobre todo en campaña electoral!) lo que debilitará al estado y, en último término, afectará a los países más pobres de Europa y a los más desfavorecidos de la sociedad. Y sino queremos que esto suceda, tendremos que asumir que es necesario ceder poder a Bruselas. Por supuesto, existe toda una vía intermedia que explorar; la armonización fiscal podría ser lo suficientemente amplia como para que pudieran coexistir diferentes tipos de gobierno y unos límites claros que garanticen un estado mínimo; así sucede en el Pacto de Estabilidad Presupuestaria que tiene cierto margen de flexibilidad.

La defensa del Concierto Económico vasco debe ser matizada. No sería lógico que el Tribunal de Luxemburgo fallara contra él utilizándonos como モchivo expiatorioヤ, y que a porteriori siguiera existiendo una gran diversidad fiscal entre estados e incluso dentro de los propios estados. Nuestro sacrificio habría sido en vano. Ahora bien, si esto sirve para sentar un precedente (¿contrario al de las Azores?) y generar un avance real en la armonización fiscal europea entonces me parecería un sacrifico adecuado. Pero si tenemos en cuenta lo sucedido hasta la fecha, donde la Comisión Europea siempre ha perdido por goleada, me inclino más a pensar que nuestro sacrificio podría más bien ser inútil y por eso me parece razonable la postura de unidad que muestran (¡por fin!) todas las fuerzas políticas vascas y defender nuestro Concierto Económico.

En cualquier caso, perder las capacidades especiales que otorga el Concierto Económico a las Haciendas Forales tampoco sería un drama; aún dispondríamos de la política de gasto donde podríamos dejar nuestro propio sello. Cataluña eligió en su día no asumir la competencia de recaudación (cobrar impuestos es engorroso y tiene mala prensa) y no creo que eso haya dañado su autogobierno. Desde el pacto de Maastricht es evidente que hemos ido perdiendo poder (política monetaria, política de precios, déficit público, etc.) porque la unidad de mercado lo requería. Creo que los nuevos retos de la globalización necesitan de una política europea más fuerte que nos permita, por ejemplo, conseguir una mayor competitividad en la economía global de gigantes que se avecina, tener un mayor protagonismo en la política internacional o poder abordar algunos problemas ambientales que necesitan de una perspectiva global. Esto, lógicamente, supone un cambio de mentalidad importante. Los Estados-Región tendrán que ceder poder hacia instancias superiores (Unión Europea, Naciones Unidas, Organismos Internacionales) y también, seguramente, hacia algunas instancias inferiores (Ayuntamientos y Municipios). En este nuevo entorno es posible acomodarnos, hacer políticas propias y que nuestra identidad no quede por el camino hecha jirones.

Mikel González
Universidad del País Vasco UPV/EHU

Muchas gracias por tus comentarios Mikel.

Tienes razón en que en algunos temas y en un mundo cada vez mas globalizado se requieren algunas políticas coordinadas, por ejemplo en terminos de medio ambiente, precisamente porque los mercados no funcionan.

Sin embargo no creo que la armonización fiscal sea uno de esos temas que tienen que estar coordinados. Según tu opinión, la armonización sería positiva mientras que en la mía no tiene por qué serlo, y la competencia puede ser mucho mejor para el bienestar común. Para que la armonización sea positiva tenemos que suponer que los estados son モbuenosヤ y sólo se preocupan por el bienestar social, cosa que no me termino de creer. ¡Claro que la competencia puede hacer daño a un gobierno sobredimensionado y que no esté siendo eficiente! Como la competencia también puede hacer daño a determinadas empresas y por eso no es mala. Es cierto que puede haber países más pobres con menor capacidad para competir, pero en este caso creo las transferencias directas serían menos distorsionadoras que una alteración de los precios relativos como la que suponen los impuestos.

El ejemplo suizo creo que es válido tomado desde la perspectiva de la propia Suiza y no de Suiza como parte de Europa. Allí, los cantones compiten entre sí vía impuestos para atraer capital y en ninguno de ellos ha terminado aún desapareciendo.

Hola a todos de nuevo.

Maite, creo que has dado en el clavo: la diferencia fundamental entre nuestras concepciones está precisamente en saber si los estados defienden el interés general, (cosa que tú no terminas de creer...) o si defienden su propio interés (cosa que yo me resisto a aceptarナ).

Coincidimos, aquí creo que todos los que hemos participado en este debate, en que la competencia es buena para el bienestar general, aunque esto suponga un daño para algunas empresas y también para algunas personas. Pero la gran diferencia que nos separa es que, a mi juicio, un gobierno no puede ser tratado como un agente económico más.

La competencia por medio de la fiscalidad no creo que sea una forma de mejorar el funcionamiento de los gobiernos. Creo que para eso ya existen otras herramientas: se me ocurren palabras como democracia participativa, transparencia, gobernanza, rendición de cuentas (モaccountabilityヤ), mérito, democracia interna de los partidos, financiación de los partidos políticos, control de las relaciones entre el poder económico y el poder político, sociedad civil, y así un largo etcétera.

Los economistas, al intentar llevar nuestras ideas de racionalidad, competencia y mercado a todos los rincones, estamos invadiendo el campo de otras disciplinas de las ciencias sociales mejor adaptadas (incluso en el propio lenguaje) para resolver este tipo de problemas. Por eso, muchas veces nuestros colegas (historiadores, politólogos o sociólogos) se quejan de nosotros, ¡y con razón! Tengo la sensación (esto nada tiene que ver contigo, Maite) de que en muchas ocasiones hemos hecho que nuestros modelos, muy útiles como herramientas para analizar la realidad económica, se hayan convertido en fines en si mismos. Nos parecemos un poco a Newton cuando dijo: 'si la realidad no se parece a mi modelo (refiriéndose al movimiento del los planetas dentro del sistema solar), peor para la realidad'. Así, puede que consigamos que el モEstado Leviatánヤ que describe Maite sea finalmente una realidad; científica, aséptica, indolente.

Es cierto, que desde la caída del muro de Berlín; conservadores, liberales, socialistas, comunistas (¿hay algún comunista todavía ahíナ?), todos, sin excepción, nos hemos hecho un poco más liberales. También hemos aprendido que el Estado de Bienestar puede ser de mil maneras y que necesita ser paulatinamente revisado y mejorado. Es necesario controlarlo para que no crezca desmesuradamente y también adaptarlo a los nuevos cambios sociales y culturales. Como bien dice Iñaki, el Estado no tiene porque ser grande o pequeño, lo importante es que garantice la igualdad de oportunidades y un cierto nivel de igualdad de resultados, y que los ciudadanos tengan nuevos derechos y asuman también nuevas responsabilidades. Un amigo me dijo una vez: 'Mikel, en el mundo posmoderno en el que vivimos el debate no está entre mercado o planificación, entre público o privado o entre liberalización o regulación, lo verdaderamente importante es el poder y el control del poder'. Este pensamiento ha permeado en mi y creo que, efectivamente, de eso se trata. Pero el poder político debe ser controlado con herramientas diferentes a las que utilizamos para controlar el poder económico.

Sé que estoy llevado el debate a un terreno más ideológico y menos técnico, os pido disculpas por ello, pero creo que es necesario hacerlo para que os pueda explicar mi opinión y la posición que, a mi juicio, mantiene la Comisión Europea con respecto al Concierto Económico vasco y la armonización fiscal.

La comisión Europea teme (al menos así lo creo yo) que si dejamos la fiscalidad de los Estados en manos de la competencia estaremos escamoteando a los ciudadanos y al poder político una decisión que les corresponde sólo a ellos. La competencia fiscal puede hacer que muchos estados se comporten deslealmente (los economistas suelen denominar a este peculiar comportamiento, actuar como 'free-riders') para atraer empresas, y esto puede hacer que el tamaño del estado, y del gasto público, disminuya; pero no por una decisión propia de los ciudadanos, sino por una dinámica concreta que bien conocemos los que investigamos el funcionamiento de los mercados con características de bien público.

Lo que he querido defender aquí no es que el estado tiene que ser grande o pequeño, tampoco he debatido cuales deben ser sus funciones, pero lo que si he querido defender es que estas cuestiones no se deciden por el juego del mercado, sino a través de un proceso democrático y por el poder político. Antes que consumidores, productores o empresarios somos ciudadanos, o si se prefiere, el poder económico debe estar sometido al poder político, y nunca al revés. Creo que la Comisión Europea, con buen criterio, esta apostando por la armonización fiscal porque quiere que el poder político pueda tender la capacidad de decidir, y así los gobiernos puedan hacer funcionar mejor a los mercados. Si existe rebaja fiscal que sea porque los ciudadanos así lo quieren, no porque la dinámica del sistema nos lleve inevitablemente a ello.

Creo que Carlos tiene razón, la diversidad fiscal ha funcionado bien en el Estado Español y ha demostrado que el Concierto Económico nos ha dado una mayor flexibilidad para adaptarnos a situaciones muy cambiantes. Además, es cierto que los impuestos no han disminuido (los tipos impositivos en el País Vasco son similares a los del Estado, con un impuesto de sociedades más bajo y un impuesto sobre la renta mayor en los tramos más altos). El caso de Irlanda es también un buen ejemplo de como una excepción de carácter temporal para mantener unos impuestos extraordinariamente bajos han ayudado a Irlanda a ser ahora un país puntero. Pero todo esto, no lo olvidemos, ha funcionado sobre las bases de un marco político concreto, que se ha encargado de regular los límites y las condiciones. La armonización fiscal es una parte más en el avance hacia una Europa más unida políticamente, aunque, lógicamente, no es la única pieza, seguramente no es la más transcendental, pero es un elemento importante. La Comisión Europea no ha conseguido avanzar en la armonización fiscal, pero esto no quiere decir que esté dispuesta a perder la batalla contra una mayor diversificación fiscalナVeremos que pasa.

Un abrazo a todos.

Mikel González
Universidad del País Vasco UPV/EHU

No creo en la bondad y altruismo del Estado, pero tampoco pienso que éste sea absolutamente perverso y esté concebido para autoperpetuarse, independientemente de los ciudadanos. Pero al final de cuentas estas son cuestiones de principio s e ideología en los que el debate seguro que avanzará muy lentamente.

Estoy de acuerdo con Mikel en que la competencia no es el modo de determinar el papel y la bondad de funcionamiento del gobierno, pero no olvidemos que no estamos hablando del rol del gobierno, sino de un instrumento concreto que son los impuestos que, como todos sabemos, son principalmente un elemento de financiación pública, pero que también cumplen otros papeles de política macroeconómica; en ciertas condiciones, afectan al ciclo económico y/o a la capacidad de atracción de personas, capitales e instituciones al Territorio (elemento por el que ha surgido el debate).

Precisamente por el potencial de los impuestos es por lo que los países han sido muy celosos de su autonomía fiscal y la práctica totalidad de los países la mantienen dentro de sus competencias, aceptando en el caso de uniones de mercado algunas restricciones. Esto es el caso de la Unión Europea que mantiene un buen número de directivas de control fiscal de los países miembros. Y es precisamente en el caso de los países y regiones europeos, donde tendría más sentido debatir sobre la bondad o no de la armonización fiscal, porque si el debate es genérico no le veo mucho recorrido.

Dando por hecho que es bueno para los países europeos se federen y que caminen en una unión política más intensa que la actual unión monetaria y de mercado (lo cual lógicamente es muy debatible), la cuestión es si sería deseable que las autoridades fiscales (de países y regiones) actuales cedieran sus competencias a la Comisión o a un órgano europeo central para que se encargase de fijar unos impuestos homogéneos para todos. Mi opinión es que contar con capacidad impositiva (con las restricciones que sean pertinentes), permite una actividad política más rica para defender los intereses regionales y por eso la apoyo. Y no olvidemos que la discrecionalidad no es sólo para bajar, sino también para subir los impuestos ya que en una sociedad avanzada y democrática son los ciudadanos lo que deciden los servicios sociales con los que quieren contar. Por otro lado, apelando al sentido común me parece muy adecuado que los gobiernos que tienen competencias de gasto, tengan que pasar por el saludable ejercicio de explicar a los ciudadanos su financiación y correr con el riesgo político que eso supone. Tampoco desdeño, por supuesto, el valor que pueden tener la bajada de impuestos para diferenciar el Territorio, pero cada vez confío menos en la eficacia de este tipo de políticas que suelen derivar en lo que vulgarmente podríamos resumir en: モpan para hoy y hambre para mañanaヤ como bien se ha comprobado en muchísimos casos de deslocalización de empresas que habían recibido previamente multitud de ventajas fiscales de todo tipo.

Mikel, comparto plenamente tus argumentos finales sobre que la Competencia entre Estados no es la que tiene que marcar el importante y definitivo papel del Estado en una Sociedad como la nuestra. Desde mi punto de vista eso no tiene discusión posible. Pero insisto en una idea ya expuesta anteriormente. Se puede caminar hacia una Europa más unida y cohesionada políticamente, manteniendo buena parte de la capacidad fiscal de los Estados y Regiones. Desde mi punto de vista la unidad política europea tiene que ver más con un sentimiento de identidad así como valores y derechos propios que sí se echan mucho de menos y no tanto con la política fiscal que no dejan de ser más que instrumentos.

Creo que los más interesados en el debate habéis recibido el link a un artículo de Xala i Marti sobre la financiación catalana que nos ha enviado Mikel González, pero dada la relevancia del artículo para el debate os incluyo el link a todos
http://www.columbia.edu/~xs23/catala/articles/2005/financament/financame...

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