La investigación española baila hoy sobre la cuerda floja y si bien estaba ya acostumbrada a circenses piruetas los últimos bamboleos la pueden llevar definitivamente al suelo. Todo empezó con la crisis económica y el anuncio de una reducción del presupuesto para ciencia de en torno al 15%. Los Organismos Públicos de Investigación (OPIs) fueron los más castigados con reducciones que llegaron hasta el 26% en el caso del CIEMAT. Las OPIs consiguieron, de alguna manera, sortear este recorte tirando de antiguas reservas y ajustando un poco los proyectos. Sin embargo el ajuste no parecía ser sostenible y el rumor de esta semana de un mayor recorte no hace más que agravar sus problemas.
¿Cómo pueden hacer frente las OPIs a semejante escenario? Las OPIs han sido históricamente los organismos que, dependientes del Estado y junto con las Universidades, han realizado una mayor labor de investigación científica y desarrollo tecnológico en España. Estos organismos (CSIC, CIEMAT, IAC, ISCII... ) son los que ejecutan una gran parte del Plan Nacional de I+D+i. Evidentemente, la financiación pública no competitiva ha de ser un pilar primordial para las OPIs. Ésta es la financiación que el Gobierno ha recortado drásticamente.
Como bien apunta Carlos M. Duarte, en El País, existe un verdadero riesgo de perder una completa generación de jóvenes investigadores. España, en vez de apostar por un modelo económico basado en el conocimiento y la innovación, se debate por encontrar un nuevo patrón de crecimiento sin rumbo ni decisión. No nos sirven de referencia modelos como el Sueco que con un 3,6% de I+D sobre el PIB crecerá este año un 4,5%, o el Finlandés que, en los años 90 e inmersos en una profunda crisis económica, aumentó su inversión en I+D+i y emergió como uno de los países más desarrollados del mundo.
Ante este escenario de profunda contracción presupuestaria, ¿tienen las OPIs alguna posible alternativa? Hemos de ser bastante pesimistas. La naturaleza de estos organismos, fuertemente orientados a la investigación "con mayúsculas", les hace muy dependientes de la financiación no competitiva del gobierno. Acaso pudieran relajarse tibiamente sus problemas si lograran unos mayores ingresos provenientes de la transferencia tecnológica y los mecenazgos empresariales. Sin embargo, no resultará tarea fácil.
Primero, porque la naturaleza de la investigación llevada a cabo en las OPIs dificulta en gran medida su transferencia directa al tejido productivo. Además, existe un histórico alejamiento entre estos organismos y la empresa privada, con tiempos y lenguajes bien distintos. La empresa española, en general de perfil no muy tecnológico, tampoco parece muy interesada en financiar directamente la investigación. Por si esto fuera poco, los ímprobos intentos desde las OPIs de buscar fórmulas para atajar este alejamiento se han demostrado hasta ahora en vano. Este mismo año nos asustó el mensaje de Javier López Facal (Profesor de investigación del CSIC): "Nos rendimos". El investigador se refería a la incapacidad de dar luz verde al proyecto CSIC-K2B, una empresa pública instrumental, en régimen de sociedad de responsabilidad limitada, de capital exclusivamente CSIC, cuyo objetivo es la comercialización de la investigación. Al mismo tiempo, las OPIs necesitarían de un mayor personal de apoyo para las labores de gestión y transferencia que ahora mismo no poseen.
La Investigación en España está por lo tanto en juego y ninguna fuerza política parece querer defenderla, obstinados en otros debates, la I+D+i parece no atraer suficientemente su atención. Sin embargo, en el largo plazo España se juega en esto retroceder muchos años y descolgarse por mucho tiempo del tren de los países más desarrollados. La investigación, y con ello el modelo económico de España, se tambalea en la cuerda floja y todavía no sabemos si debajo hay alguna red.
Imagen Creative Commons de Foxtongue.























Si atendemos a los resultados o retorno de la inversión en I+D+i realizada en España, parece que ésta es un white elephant (bluff, fuente de gasto, insostenible, superfluo, improductivo, burbuja, prescindible, etc.). Se está comenzando a perder la vergüenza a decirlo y hasta la ministra Cristina Garmendia se ha referido a ello. Empieza a no ser políticamente incorrecto reconocerlo.
La mayor parte de la comunidad científico - tecnológica, seguro que conoce lo que ocurre y acertaría en las propuestas de solución. Todos los lectores también pueden ayudarnos a explicitar lo que ocurre para que nadie pueda decir que las causas son complejas o peor aún, que debe plantearse una comisión sabios que lo analice y elabore el correspondiente informe.
Que algo sea una evidencia no suele ser suficiente para actuar. Que sea fácil identificar las causas y plantear formas de solucionarlo, tampoco suele ser razón para resolverlo.
Y así volvemos al origen de muchas cosas y causas, ¡la voluntad!
En donde se hace I+D+i (especialmente en los niveles directivos y de gestión) debe haber suficiente masa crítica de personas, que por encima de todo, que tengan voluntad de extraer valor del conocimiento.
Los científicos y tecnólogos deben, además de vocación y conocimientos técnicos, tener interiorizados los fundamentos de la actividad competitiva y las herramientas y metodologías organizacionales para llevar a cabo una actividad científico - tecnológica competitiva.
En las administraciones, que aportan recursos económicos, debería haber suficiente masa crítica de personas con voluntad de asegurarse de que la inversión es recuperada.
Pero esa masa crítica de voluntad, algunos no la percibimos claramente.
Hasta que no estén asegurados los niveles de masa crítica de voluntad, especialmente en los niveles directivos, es inútil pasar a los estadios siguientes (formación, talento, eficiencia, etc.).
Los mismos que carecen de voluntad, tal vez sean, a partir de ahora, lo que traten de convencernos de que a la vista de los resultados, el desarrollo económico español no pasa por la innovación tecnológica sino por otras estrategias igual de "White elephant".